SIEMPRE PEREGRINO - ALWAYS A PILGRIM

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jueves, 26 de enero de 2012

CRUCEROS

Amigos, no sabéis lo que me apasiona la mar, los barcos y, cómo no, las sirenas, mi pescado favorito. Siempre me han gustado las ciudades con puerto. De pequeño paseaba por los de Cartagena, donde nací, y Almería, patria de Manolo Escobar y el Spaguetti Western y lugar en el que transcurrió la mayor parte de mi infancia. Me encantaba ver cómo los buques entraban y salían por la bocana, los pescadores aficionados con sus pedazo de cañas para capturar atunes, aunque sólo sacaban a duras penas dos o tres chirretillos petroleados; y, cuando tenía tiempo, a las grúas en operaciones de carga y descarga. Murcia, localidad de mi residencia, está en el interior de la región del mismo nombre y dista de la costa más cercana unos cincuenta y cinco kilómetros, si bien es posible encontrar sin demasiada dificultad algún que otro merluzo y no pocos golfos. No creo que la circunstancia de vivir alejado del litoral, pero, atención que viene una cursilada, junto a la mismísima bahía de unos lindos ojos de mujer, disminuya mi querencia náutica. De hecho, soy muy aficionado a los yates: ya te lo dije, ya te lo traigo, ya te aviso yo, ya te enterarás… En cuanto a las embarcaciones de recreo, me parece bastante improbable reunir el dinero suficiente para comprarme una que sea más grande que una colchoneta inflable. Así que me quedan dos posibilidades: la primera, navegar en el velero de un amigo, que me río yo de los peces de colores porque todos mis colegas son unos cutres que no tienen ni barco ni avión privado ni casa en Cerdeña. La segunda, contratar un crucero por el Mediterráneo. Venga, vale, me conformo, voy a consultar las rutas y otros detalles y, después, os cuento, ¿de acuerdo?

Oye, qué bien, he leído que algunas agencias de viajes ofertan cruceros con el 70% de descuento. Quisiera pensar que no tiene nada que ver con el naufragio del Costa Concordia. La verdad es que el nombre del barco es un sarcasmo, pues al aproximarse peligrosamente a la costa, valga la repetición, de una isla, se montó un pifostio de tres pares de narices. He oído también que un empresario ha propuesto a sus empleados pagarles los atrasos en especie e invitarlos a un crucero, que están a un precio asequible y que, además, podría ahorrarse unos cuantos despidos si el capitán es tan inútil e irresponsable como el del navío antes citado, quien ha manifestado que no se explica cómo tuvo la tremenda suerte de caerse de los primeros en una lancha de salvamento. Está claro que se ha producido una tragedia marítima. Sin embargo, esto no nos debería hacer desistir de nuestras intenciones. Si nos apetece embarcarnos con destino a Italia o alguno de los archipiélagos del Egeo, este es el mejor momento pues nos saldrá baratísimo y recibiremos un trato excelente como recompensa a nuestra valentía. Mi mujer, en cambio, es una chafaníos y no para de repetir de manera cansina que no sube a bordo ni amarrada. Qué tontería. Se viene seguro. Con tal de no dejarme que en el bufé me ponga como el quico. Los niños, por el contrario, están muy ilusionados. Hay una oferta para que los menores de doce años viajen gratis, sin importar lo tragaldabas o traviesos que sea los críos. Espero que no se pasen dando la tabarra y no los tenga que sacar a cubierta con el chaleco salvavidas puesto. Mi plan está empezando a desarrollarse poco a poco. Ahora toca elegir la Compañía, el barco y el recorrido. No es tan fácil como parece. Desde luego que no. Veamos por qué.

Una amable chica de El Corte Al Bies me ha informado de que hay tres compañías importantes que se reparten casi todo el pastel del negocio. Creo que ninguna se dedica a la piratería, aunque tengo entendido que se cobra un potosí por las bebidas y otros extras no incluidos en el precio. El problema es que cada una de ellas tiene de ocho a diez barcos que navegan en distintas épocas del año y por una o varias zonas del Mediterráneo, el Adriático, el Tirreno, el Mar de Liguria, el Egeo, el Jónico y el Mar de Mármara. No me extrañaría que nos os suene el nombre de alguno de estos mares. Yo estuve a punto de preguntarle a la señorita cuál de ellos se había inventado. Venga, graciosilla, reconoce que has dicho más de uno de coña, para pillarme. Pues no, existen todos, que lo miré luego en un atlas. Bueno, a lo que iba, que lo que se trataba de saber era qué lugares quería visitar y en qué mes. A partir de ahí, se elegiría el barco y el camarote. Tras una larga deliberación en mi casa, mi mujer y yo nos decantamos por una cabina exterior de tipo familiar en el barco Liberty of the Seas de la Royal Caribbean. No me sorprendería que el Capitán fuera descendiente de Jack Sparrow. El navío en cuestión es más grande que un portaviones de la VI Flota. En caso de naufragio, creo que tardaría quince días en hundirse por completo. Caben 3.500 pasajeros y 1.700 tripulantes. Tiene no sé cuántas cubiertas, varias piscinas exteriores e interiores con y sin burbujitas, campo de golf de 18 hoyos, teatro con aforo de 700 personas, hospital, casino, pista de hielo, canchas de tenis de tierra batida, biblioteca, centro comercial, restaurantes, helipuerto, zona de atraque de submarinos …Todo lo que os podáis imaginar. Supongo que nos facilitarán unas pulseras con localizador GPS. Nos vamos a perder cada dos por tres. Se me ha ocurrido que podría llevarme el TomTom del coche. La gran desventaja de un barco tan descomunal es que es obligatorio hacer turnos para cualquier cosa, desde comer a bajar a puerto. Si te descuidas y se te pasa el tuyo, te fastidias y te quedas el último. Sé estas cosas porque he leído comentarios en internet. Algunos ponen los pelos de punta. Uno dice que salió de excursión a Florencia a las cuatro de la mañana, volvió a las siete de la tarde, consiguió acceder a su camarote a las once y media de la noche y cenó a las doce una hamburguesa de tofu en un chino que encontró abierto. Estoy un poco acojonado y todavía no he salido. Quiero convencerme de que voy a vivir una gran aventura, la cual me va a costar un pastón, a pesar de los descuentos. Pero a lo mejor vuelvo más delgado, medio chiflado o con ganas de retirarme a un santuario budista. Ya veremos. Lo único seguro es que el seis de agosto partiré de Barcelona y visitaré, si así se le puede llamar a una excursión de seis horas de duración al módico precio de cincuenta euros por persona, Mallorca, Sicilia, Roma, Florencia, Génova y Cannes. No descarto pedirle al médico de a bordo que me quite un riñón para pagar las Coca-Colas de mis zagales, algún que otro copazo mío y otros gastos perentorios. Pero de todo esto ya os escribiré en su momento desde el sanatorio mental o desde el Tíbet. Quién sabe, a lo mejor estoy todavía desorientado en algún misterioso lugar entre la sala de máquinas y el puente de mando. Todo es posible.

domingo, 22 de enero de 2012

LA INTUICIÓN DE NECESITARTE

Te necesitaba. Creía necesitarte.
Pensaba que sin ti, sin tu presencia salvavidas,
nadaría contra olas implacables.
Tu desamor sería un mar para ahogarme,
dedicando las últimas palabras de mi agonía
a quien nos hiciera innavegables:
a ti. A mí. Quizá los dos diríamos tempestades
y responderíamos con desdén a las brisas.

Intuía tu desnudez sensual y festiva
como la carne que le faltaba a mi piel.
Sin ella sólo sería huesos, alma y ser.
Siempre tendría sed de tus jugosas caricias
y un hambre tan voraz como el beso aquel
que nos mordió la vergüenza instintiva.

Nos imaginaba bebiéndonos la vida.
En vasos de plástico, en copas de cristal.
A tragos largos, a sorbos sin prisa.
Con acritud o delicia,
negándonos nunca a probar
los distintos sabores de una biografía.

Ahora presiento un tiempo tornadizo
que trastornaría un reloj de agujas ciertas
incapaces de señalar la hora correcta.
Cómo saber qué luna vimos,
en qué amanecer el cielo se deshizo
en radiantes lágrimas dispersas.
Nos adelantaríamos hasta la tarde escéptica
si sólo nos damos los besos precisos.


(Amor Culpabilísimo)

lunes, 16 de enero de 2012

REQUETEMÓVILES

Cuando Graham Bell patentó el teléfono, no podía imaginar las inmensas posibilidades del aparato ni que la apariencia y funcionalidad del mismo iban a cambiar de manera tan radical. Menos aún Antonio Meucci, el verdadero inventor, quien, a pesar de ser italiano, no juntó la “pasta” suficiente para registrarlo a su nombre. Así que, fue la primera persona en el mundo que se quedó sin cobertura. Casi 150 años después, hemos pasado de los postes que portaban el cable telefónico, de darle tres vueltas a una especie de manubrio para empezar a hablar, de la operadora que a veces se liaba con los conectores de la centralita y nos ponía una conferencia con un señor de Zaragoza al que no conocíamos de nada, de impacientarnos hasta que nos instalaban una línea en casa, de todas las demás vicisitudes de la historia de la telefonía, a la era de los móviles y la parafernalia que llevan adosada, la cual está en constante evolución y nos supera y acogota en ocasiones. Sin ir más lejos, me he sentado a escribir unos comentarios sobre el asunto y no consigo concentrarme: hay un grillo metálico a mi lado que vibra, zumba y zurre sin descanso. Además, sus “cri-cri” son distintos según se trate de una llamada, un mensaje, un correo electrónico y otros avisos. El problema es que me lo cargo si le atizo un zapatazo y no me atrevo a silenciarlo y tampoco a apagarlo. A mis zagalicos les pego una colleja cuando me tocan mucho los güitos y fíjate tú que un cacharrillo tan pequeño me domina, el muy jodío. ¿Qué es lo que tendrá?

Los primeros móviles eran grandes y pesados. Recuerdo haber visto a un tío mío con un modelo antediluviano que parecía un maletín con antena y auricular enormes. Le pregunté a mi primo si su padre se dedicaba al espionaje. Qué pedazo de armatoste. Ni de coña cabía en un bolsillo. Para colmo, sólo servía para una cosa, cada llamada te costaba un ojo de la cara y existían muchas zonas de sombra adonde no llegaba la onda ni trepando a lo alto de un pino. Luego, los aparatos fueron reduciendo bastante su tamaño, aumentando su fiabilidad e incluyendo otras funciones. Sin embargo, durante algunos años se tendía a pensar que quien los usaba por la calle era un tonto el pijo por no meterse en una cabina a hablar sin molestar a la gente. Ahora el cuento tiene más personajes, porque el número de usuarios se ha multiplicado por la enésima potencia, aunque seguimos siendo unos cenutrios por depender demasiado del celular, al que los freudianos consideran algo de naturaleza casi fálica y de hecho, algunos preferirían que los capasen a perderlo; se relatan otras aventuras más divertidas e interesantes, pues su fin primordial, que era el de la comunicación, ha pasado a un segundo plano; y en lo relativo al desenlace, no es preciso ser adivino para predecir que si no nos relajamos un poco y nos curamos de la adicción electromagnética, nuestra libertad se verá amenazada y nos dejaremos controlar por un artilugio orweliano.

Ya lo he mencionado antes: los móviles son cada vez más pequeños, ligeros y complejos. Me cuentan que el otro día, en una sauna de Finlandia, había un americano, un finés y un gaditano estudiante Erasmus. Los tres estaban desnudos y en completo silencio. De repente sonó un bip-bip y el primero se tocó el brazo derecho y dijo que llevaba un localizador GPS bajo la piel. Luego se oyó el zumbido de un celular y el segundo levantó la mano izquierda y se puso a escuchar con la oreja en el pulgar y a hablar por el meñique extendido. Cuando colgó, explicó que los de Nokia le habían instalado un chip. Mientras tanto, el de Cádiz estaba alucinado perdido y para no quedar como un antiguo, levantó una pierna, se tiró tres pedos y anunció que le iban a mandar un fax. Este es sólo un ejemplo más de la avanzada tecnología que hoy está presente en estos teléfonos, los cuales hasta han perdido su nombre genérico. Ahora se llaman Smartphones y PDAS. Me acaban de entregar uno de esos y estoy perplejo de todas las aplicaciones que tiene y de las ampliaciones que se pueden descargar. Hace de todo: fotos, vídeos, envía mensajes y e-mails, reproduce música, enseña idiomas, traduce palabras, te permite orientarte con mapas y localiza tu posición con un reducido margen de error, mide distancias, te despierta por la mañana…Vamos, que sólo le falta hacer café y tostadas, mandarle ultrasonidos a mis zagales para que no sean tan salvajes, confesarme online de mis pecados, calcular la probabilidad de los números de la primitiva y, sobre todo, conseguir que sonría y sea tan feliz como cuando estoy en compañía de mi familia y amigos. Porque ni el mejor móvil puede emular el beso de la mujer amada ni la carcajada que viene detrás del chiste. Porque si tú me llamas y me dices ven, lo dejo todo.

lunes, 9 de enero de 2012

EL CHAFANÍOS

No me acuerdo bien de la primera vez que me lo dijeron: “macho, eres un chafaníos”. La verdad es que no lo sentí como un insulto. Por regla general se usa de forma cariñosa y familiar. Por ejemplo, mi padre tenía un tono de voz especial, entre airado y risueño, para pronunciarlo. Lo fue perfeccionando desde mi niñez más temprana y en mi edad adulta le salía de manera instintiva, casi sin pensar, hasta se olvidaba de acompañar su exabrupto melódico del tradicional capón leve en mi cocorota. Mi mujer también lo va adquiriendo poco a poco, aunque la música me suena distinta pues jamás golpea el timbal de mi cabeza. No me importa demasiado. Lo que sí me preocupa es que dos personas, aunque me temo que hay unas cuantas más, coincidan en su apreciación y que algún despistado no sepa todavía qué significa ser un chafaníos y si se nace siéndolo o nos vamos volviendo así a medida que crecemos. A continuación, se estudiará el asunto desde una perspectiva filológica y un tanto cómica, pero sin herniarnos mucho por el peso de la erudición ni tampoco ahogarnos de la risa.

A modo de inicio, es preciso indicar que el vocablo en cuestión no aparece en el diccionario. No encontramos ni el término chafanidos ni la vulgarización del mismo, que es la que se ha impuesto en el habla común. Los académicos de la lengua, entre los que seguro habrá más de un chafaníos disconforme con su carácter, nos inducen a creer que se trata de un epíteto con una particular relación de sinonimia con la palabra cruel, como si hiciera referencia a alguien que con maldad se dedica a destruir nidos de pájaros. Nada más lejos de la realidad. Se le llama chafaníos a quien ejerce de aguafiestas o se afana en quebrantar ilusiones con pretextos que no están del todo justificados, por despiste o por simple y llana gilipollez. Veamos.

Es un chafaníos de primera clase con distintivo blanco y tres estrellas, aunque haya quien lo considere un cabrón sin condecoraciones, el amigo que en la época juvenil se cachondea de tu ebriedad y reducidas exigencias estéticas con relación a las chicas y te avisa que la tía que quieres ligarte y se muestra bastante receptiva contigo es la más cateta y fea de la discoteca y que encima es la novia presunta del portero mazas y la hija cierta de uno de tus odiados profesores de la Universidad. En el reverso de la moneda, es decir, en la edad adulta y macoca, algunos cenutrios se obstinan en preguntarte a grito pelado en un pub al lado de unas cuarentonas interesantes por tus nietos o por si te está afectando la disfunción eréctil. De la misma calaña y categoría es el hijoputica que la víspera del día de Navidad o de Reyes revela a sus sobrinicos y a otros zagalicos pequeños e ingenuos la verdadera identidad de quien les pone los regalos y, en caso de saberlo, cuáles son éstos en concreto. Merece igual reprobación el indiscreto que por ser un bocazas de tomo y lomo e irse de la lengua con el menos indicado se carga una sorpresa que llevas preparando una semana. Por desgracia, los cuatro individuos citados suelen librarse del justo castigo, que no es otro que el abofeteamiento en plaza pública o, mejor todavía, en vista de que estamos a dos velas, una multa de 500 €, como poco, al que los tenga, o sea, a casi nadie.

Convendría indicar que el arquetipo del chafaníos no se agota con los supuestos que comenté antes, ya que es multidisciplinar, polifacético y heterogéneo. Unos son listos y otros tontos perdidos. Unos cometen sus fechorías de forma oral o, si me permitís decirlo, rectal, porque quedan como el culo. Otros, los menos, lo hacen por escrito, ya sea en prensa como en un boletín oficial, pues también hay chafaníos institucionales. En conclusión, que está presente en todos los órdenes de la vida. Tanto es así, que finiquito estas líneas y os vais a perder unas reflexiones de mucha enjundia porque estoy escribiendo en un bar y ya se me ha acercado tres veces el camarero para decirme que no puedo pasarme toda la mañana sentado en la mesa si consumo sólo un café. Vaya un chafaníos.

jueves, 5 de enero de 2012

DONDE DIJE DIGO...


Amigos, la gente es muy informal. No me refiero sólo a vosotros. No os deis por aludidos ni por adulados. Es algo que está bastante generalizado. Casi nadie es fiel a su palabra ni cumple lo que promete. En este sentido, hay un aforismo malsonante que reza así: "prometer hasta meter; y, después de haber metido, nada de lo prometido". También se usa con frecuencia la expresión "donde dije digo, digo Diego". Define muy bien una costumbre que degenera en pérfido vicio universal. Muy pocos nos libramos de incurrir en él. Nos aprovechamos de esta argucia para convencer a los demás y conseguir nuestros propósitos. Es una extensión de la regla del "todo vale" aplicada a políticos, maridos, mujeres, amores ocasionales, padres, hijos, abuelos, profesores, alumnos, jefes, empleados... Vamos, a todo quisque. A continuación voy a poner dos o tres ejemplos. Os lo aseguro. Si luego me salen cinco o diecisiete, tampoco pasa nada.

Los políticos en campaña electoral o fuera de ella, en el Parlamento o en una tienda de ultramarinos, en el fútbol o los toros, en la televisión o en un mitin, hablan por hablar. La mayoría de las veces no saben ni les importan las consecuencias que van a tener sus declaraciones. La verdad es que les da igual por dónde les gire la lengua. Sus palabras carecen de valor, aunque se guarden en las hemerotecas. Son como las gotas de lluvia sobre el mármol, mojan pero resbalan. Por ello, pueden decir lo que les apetezca o les convenga en cada momento. Como que “la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento” y otras ocurrencias zapateriles. Asimismo, prometerán el pleno empleo y luego habrá cinco millones de parados. También que ni por ley ni por decreto se establecerán recortes y, más pronto que tarde y más seguro que hipotético, Rajoy se afeitará la barba, se restringirá el gasto farmacéutico repartiendo sólo una aspirina por habitante al año y La Soraya y otras ministras vestirán minifalda. En cuanto a los impuestos, ni el que asó la manteca anunciaría una subida de los mismos. Todo lo contrario, negaría rotundamente un incremento de la presión fiscal. Vaya una trola. Entre las primeras medidas del Gobierno estará la de pegar un sablazo a los contribuyentes y sacarles la poquica sangre que les quede, so pretexto de reducir el déficit, infundir confianza a los mercados y escribir una carta de amor para La Merkel con la tinta de nuestras venas. En definitiva, que nueve de cada diez políticos recomiendan el uso del dentífrico de la mentira para combatir el mal aliento y la caries que producen las verdades en sus bocas. El otro lleva dentadura postiza para no correr riesgos innecesarios.

En la vida conyugal es insólito que se cumpla lo que se promete y por descontado no se mete lo que… Bueno, que me estoy liando, que ni el marido ni la mujer se sienten atados a las palabras que dijeron cuatro minutos antes, hace quince años o el mismísimo sábado de madrugada bajo los efectos del alcohol. Alguna vez manifestamos la intención de aprender a planchar sin chamuscar las camisas, cocinar sin quemar los mangos de las sartenes, poner la lavadora sin dejar la ropa hecha harapos de colores distintos a los originales y no bebernos el quinto vodka con naranja. Enseguida se nos quitaron las ganas. Tampoco la otra parte realizó lo que en un principio estimaba como un gozo, una delicia o un acto de afectuosa comprensión. Tiempo después le parecía casi una inmolación al estilo de los terroristas árabes. Ni que estuviera loca. Así que, ese amor que iba a ser eterno e indestructible, ya no dura tanto, es bastante más frágil, como un jarrón Ming auténtico comprado en el chino de la esquina.

Mencionemos someramente al resto del personal enumerado al principio de este escrito. Por ejemplo, los amores ocasionales tienen la misma memoria que un pez de acuario. No es que digan Diego, es que dicen Paco. Vamos, que sus primeras palabras no se parecen en nada a las segundas y menos a las terceras. Sólo las pronunciaron para atraerse la atención del otro o lograr un favor sexual. Son como los mensajes de los espías, se autodestruyen a los cinco segundos. En el universo educativo, cada planeta tiene su propia órbita, aunque intente interferir en la de los demás. Abuelos, padres, hijos, profesores y alumnos son en unas ocasiones independientes y en otras satélites. Son esferas que se mueven en espacios diferentes y a la vez similares, pues combaten en una lucha de intereses. Por ello, es normal que incumplan algunos de sus compromisos o que los modifiquen de manera radical. Nunca nos dieron la paga semanal estipulada en un momento de ebriedad o entusiasmo paterno. Jamás sacamos las notas prometidas porque nuestros profesores no nos pusieron el examen tan fácil que habían anunciado. Finalmente, nuestros jefes, que es algo que tranquiliza tener en los tiempos que corren, conseguirán que nos reviente la pelleja trabajando por un incremento salarial o nuestra supervivencia en la empresa. A mí me ha pillado tecleando esto y me ha dicho que vaya concluyendo de inmediato o de lunes a viernes en mi casa. Supongo que entenderéis que no compruebe la volubilidad de sus palabras. Saludos a todos. Sí, Sr. García, voy a ser muy productivo a partir de ahora, no se preocupe. No se preocupe, ya me despido yo de mis compañeros. Hale, adiós.

CONFUCIO

CONFUCIO

LAO TSE

LAO TSE

SAN FRANCISCO DE ASIS

SAN FRANCISCO DE ASIS

MAHATMA GANDHI

MAHATMA GANDHI

VICENTE FERRER

VICENTE FERRER