SIEMPRE PEREGRINO - ALWAYS A PILGRIM

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martes, 7 de febrero de 2012

LA SUERTE

Esta mañana iba de pie en el bus urbano, agarrado con fuerza a la barra. El chófer conducía a toda cebolla, dando bandazos y frenando bruscamente. Se creería que manejaba cuesta abajo un pick up con cincuenta mexicanos en la caja por una estrecha carretera bacheada y con curvas cerradas. A mi lado había un señor al que se le ha caído la dentadura postiza encima del periódico y luego se ha tapado la boca con la bufanda. Una vez que me he soltado para abrirme la chaqueta, casi me siento en el regazo de una abuelita, como cuando era un zagalico y me contaban cuentos. El problema es que ya no soy tan niño ni tan liviano. La pobre vieja de hoy no habría dicho nada más que colorín colorado. Así que, ha tenido mucha suerte, la que le ha faltado a la chica contra la que me he chocado, dándole un codazo y rozando su culo redondo, carnoso y respingón con mi mano, de forma absolutamente accidental; la misma suerte, perdonad si no me canso de repetir la palabra, que de viva voz le deseaba un adolescente a otro para un examen de historia. Los muchachos, además de sorprenderme porque hablaban sin mover a velocidad supersónica los pulgares sobre el teclado del móvil, me recordaron a mis tiempos más jóvenes. En época de evaluaciones, mi madre me tranquilizaba asegurándome que me mandaba al colegio acompañado de los buenos hados. Pero añadía que al saber le llaman suerte, lo cual me causaba desazón y pesimismo si llevaba la materia cogida con alfileres, algo que solía suceder. No necesitaba entonces la suerte sino un milagro. Volviendo al presente, se me ocurrió que durante el resto del trayecto pensaría sobre la primera y sus modalidades, prescindiendo por completo del segundo concepto por tratarse de una prolongación que precisa de alguna intervención divina. ¿Quién no ha oído eso de que sus posibilidades eran reducidas o no tenía ni puta idea y se le apareció la Virgen? Centrémonos, pues, sólo en la suerte y qué efectos benéficos produce que nos sonría o nos haga un gesto de burla, sabedores de que hay quien se deleita con ella con frecuencia y a quien le es tan ajena que si se cae de espaldas se parte el pijo.

En cuanto a la buena suerte, Virgilio escribió que la fortuna favorece a los valientes. Esto no significa que haya que tener los huevos cuadrados ni comportarse como un héroe ni arriesgarse con actividades demasiado peligrosas. Si así fuera, se sentirían tremendamente defraudados los que se ahogan por tirarse dentro de un barril por las cataratas del Niágara, los paracaidistas que aterrizan sobre unas zarzas, los que se atreven a alimentar tiburones desde una jaula y retornan a casa con una mano menos y, ya el colmo de los colmos, los que aparcan en zona de minusválidos en las mismas narices de un policía local. No hay que pasarse. Basta con el coraje de estar dispuesto a lo que sea por lograr tus objetivos y adoptar una actitud decidida persiguiendo un sueño, buscándolo en cualquier lugar. Pero sin perpetrar cosas absurdas. Carece de sentido rellenar al tuntún cada semana diecisiete boletos de juegos de azar, si nos va a tocar sólo uno o ninguno. Más esperpéntico todavía es que un tío se depile hasta donde yo te diga y se eche tres botes del desodorante ese que disparata las feromonas y presuntamente atrae a las mujeres como la miel a las moscas. Eso si el payo no espanta a la chica porque no para de rascarse el tema candente, pues pica mogollón recién pelado, o la coloca con su aroma narcotizante. Fallida estratagema. La suerte no le sonríe, no, se descojona. Igual que al afeitar y perfumar nuestro perfil profesional. Ideamos falsificar el curriculum y poner un segundo idioma que no entendemos ni por señas o una empresa a cuya plantilla jamás pertenecimos. La fastidiamos irremediablemente. El meticuloso jefe de recursos humanos fue un estudiante erasmus en Múnich y nos avergüenza traduciéndonos un chiste alemán, que resulta que es el único que existe en esa lengua. De hecho, Sarkozy se lo sabe de memoria de tanto oírselo a la chispeante Ángela Merkel. En conclusión, que la suerte es para quien se la trabaja, pero de manera paciente y esforzada, sin pretender comernos sus frutos antes de que maduren ni que nos caigan higos debajo de una palmera.

La suerte tiene también un reverso tenebroso, como la Fuerza en la Guerra de las Galaxias. No en vano, se trata de un poder siniestro que nos amarga la vida. Aunque no sepamos quién es en concreto la encarnación del mismo, pues hay más de un Darth Vader que merecería una patada laser en sus partes galácticas, sí conocemos su materialización y paradero, que no son otros que los infortunios siderales en un universo de fechorías astronómicas. Unas son estrellas fugaces. Otras, enormes meteoritos que dejan cráteres en nuestra moral. De nada vale leer el horóscopo a diario. Es imposible prever cuándo y dónde la suerte será succionada por un agujero negro. A mi mujer le cagó una paloma recién salida de la peluquería. Un amigo mío le vomitó a su futura suegra en el vestido la primera vez que lo invitaron a comer. Contaba que entendía que las costumbres culinarias fueran distintas en cada familia, pero no que en esa casa se pirraran por las cabezas de cordero y los sesos en agrura y que le preguntaran si le gustaban y le apetecía repetir en el mismo momento en que disimulaba una arcada. A mí se me escapó una ventosidad cuando me levantaba de la silla al terminar un examen oral desastroso en la Universidad. El profesor me instó a marcharme deprisa para no empeorar más la situación. Estos tres sucesos escatológicos son de poca monta comparados con los que acaecen al desatarse un temporal de mala suerte. Ahí sí que rezas todo lo que sabes. Se amontonan los despropósitos. Como a mi vecino cuando le dio un infarto. Los de urgencias tardaron más de una hora en venir porque se equivocaron de dirección, casi lo rematan con el desfibrilador y antes de meterlo en la ambulancia, la camilla se fue rodando calle abajo hasta que la arrolló un camión de la basura. Quedémonos con este ejemplo y no profundicemos más en el asunto porque si dice la gente que el dinero llama al dinero, la mala suerte convoca a la peor y no estamos para más disgustos, que mañana está prevista una ola de frío siberiano y en mi edificio se ha estropeado la caldera de la calefacción. Buena suerte a todos.

jueves, 2 de febrero de 2012

EXTRATERRESTRES

Todavía estoy alucinado. Esta mañana me ha sucedido algo que no puedo dejar de contar, aunque la persona de quien parte la historia me ha pedido que guarde silencio. Dice que la gente no está preparada para este tipo de noticias. Su mente está dominada por la esclavitud del trabajo o la alienación del paro. También por la obligación de alimentar con dinero fresco a un dragón bancario siempre amenazante, siempre con sus eructos de soplete dispuestos a carbonizarte si le zurre la tripa por el hambre. Añadirle otra preocupación sería una insensatez. Sobre todo teniendo en cuenta que les parecerá una chifladura por lo inverosímil, fantasioso y hasta gilipollesco del relato. Me dan igual todas estas consideraciones. Tengo que revelar este secreto. Es un impulso que me nace dentro del cráneo, se me desborda por las orejas, me mete el dedo en un ojo, me saca pelusillas del ombligo, salta hasta mis pies, me hace cosquillas en uno y me pisa el callo del otro, sube por mis piernas y me agarra los mismísimos. Seguirá torturándome mientras calle lo que sé. Así que, escuchad con atención porque enseguida comenzaré la narración. Si alguien tiene pipí o caca, que evacúe ahora, no sea que luego con la emoción vengan las madres mías. Mirad lo que pasó…

Tomaba un café junto a un compañero antes de entrar a la oficina. Cuando llegué al bar, él ya estaba allí apoyado en el ventanal, apurando un belmonte cargadísimo. Olía a Veterano a diez metros a la redonda. Se encendió un cigarrillo y de su boca salió una llamarada espectacular. Parecía un comefuegos. Casi me quema la corbata. Nos saludamos y cruzamos unas palabras. Respondía con monosílabos. De pronto, me miró a los ojos y dijo:

- Oye, no pienses que estoy loco. Estoy hablando totalmente en serio. Ayer fui contactado por unos enviados de Corot 24.
- ¿Es una empresa de alarmas o de mensajería?, ¿te han ofrecido trabajar allí?
- No, es un planeta de fuera del Sistema Solar. Cuando entré en mi casa, me estaban esperando en el salón. Me asusté muchísimo, pensaba que eran de Hacienda. Antes de que pudiera gritar se comunicaron telepáticamente conmigo. Consiguieron que me tranquilizara y me explicaron cuáles eran sus planes. Después, me condujeron a su nave, que flotaba de manera invisible por encima de los edificios. Me han injertado un microchip en el cerebro. No vi por dónde me lo introdujeron. Estaba inconsciente.
- Venga, Paco, no te quedes conmigo. Anoche te acostaste bastante perjudicado. Tenías previsto ver el partido del Barça con tus amigos. No me extrañaría que te hubieras pimplado siete cubatas. Por eso has soñado esta tontería y la estás prolongando ahora con ese belmonte que te ha sentado fatal. Acho. tío, que te comportas igual que los frikis de la tele. Y encima cuentas que te mandan mensajes por vía antipática o patética.
- Es telepática.
- Y dale Perico al torno. A propósito, ¿cómo son los extraterrestres?
- Bajos, calvos y con las orejas muy grandes.
- Anda, como el marido de la Encarna, la de facturación.
- Si, pero con cara de estreñidos.
- Qué descojono de marcianos. ¿Existen de verdad o tus colegas te llevaron anoche a urgencias de la Seguridad Social a que te pusieran la B12, la vacuna de las cogorzas?
- Me avisaron de que nadie me creería. Cógeme la mano, cierra los ojos y teclea mentalmente tu numero PIN del móvil.
- Ahora toca hacer el hulay, ¿no?
- Hazme caso, coño.
- Oye, Paco, que no pillo cobertura. No se escucha un pijo.
- Concéntrate, marca de nuevo y súbete la bragueta.
- ¿Es que eso influye para las interferencias?
- Sí, porque me da la risa al verte los gayumbos.

Tras unos minutos de cachondeo, una voz nítida pero algo artificial resonó en el interior de mi cabeza. Eran los alienígenas instándome a confiar en mi amigo y en ayudarle en la tarea que tenía encomendada. Casi al mismo tiempo, un graznido humano llegó también a mis oídos. Era el responsable de mi departamento preguntándome si tenía la intención de pasarme toda la mañana en el bar.

Hoy no he dado pie con bola. Estaba nervioso. Al final de la jornada iba a subir a la nave. Aquello no era un platillo volante sino una fuente ovalada del tamaño de un campo de fútbol. En cuanto a los visitantes cósmicos, son feos de cojones y se deben aburrir mogollón en los viajes interestelares. No había una sola tía ni playstation ni tampoco Wii. Cuando conocí a la tripulación, me dijeron por lo bajini que el que no dejaba de rascarse el sobaco estaba infestado desde que pasó una noche loca con una hembra del Planeta X. Ostras, así que tienen ahí los perendengues. Un ratico después, me pusieron un documental sobre lo mal que funciona el mundo, de todos sus problemas: las guerras, las epidemias, el hambre, la crisis, el caradura del Urdangarín, la reforma laboral…En fin, que está claro que los extraterrestres ven la CNN. Luego, me llevaron a una especie de enfermería donde había mil aparatos de aspecto siniestro. Me lo metieron sin anestesia. El microchip de interconexión por una oreja. Ya estaba bajo sus órdenes y tenía una misión asignada. No me permiten hablar de ella. Pero como me cuesta un montón guardar los secretos, antes de media hora os lo contaré todo con pelos y señales. Qué pijo, lo voy a soltar ahora mismico, no sea que se me haga tarde. Se trata de organizar grupos de presión formados por personas corrientes y molientes para intentar cambiar de manera radical el corrupto sistema político y financiero actual. El plazo expira el 21 de diciembre de este año, idéntica fecha a la señalada por los mayas en su calendario. Se ve que éstos fijaron el día con mucha antelación sabedores de que tenían una pachorra que se pisaban los huevos. Advierten que se actuará siempre sin violencia ni vandalismo. Usando sólo la desobediencia civil y la reeducación en nuevos principios y valores fundamentales. Vamos, que estamos abocados al fracaso más estrepitoso. Nos van a dar la del pulpo.

En conclusión, que no entiendo para qué vienen los extraterrestres desde sus lejanas constelaciones. No solucionan nada ni curan enfermedad alguna. Nos enseñan a construir pirámides y a pintar líneas raras visibles sólo al sobrevolarlas. O sea, que nos hacen trabajar o nos avisan de un peligro difícilmente evitable. Encima, no permiten que sus chicas jóvenes participen en Miss Universo. Aunque, si nos cuesta ligarnos a las terráqueas, más aún a las alienígenas, que seguro que tienen tres tetas. Mejor sería que nos dejaran en paz. Si nos vamos a cargar el Planeta Tierra de todas formas. Sólo les preguntaría una cosa: ¿hay trabajo en vuestra galaxia?

CONFUCIO

CONFUCIO

LAO TSE

LAO TSE

SAN FRANCISCO DE ASIS

SAN FRANCISCO DE ASIS

MAHATMA GANDHI

MAHATMA GANDHI

VICENTE FERRER

VICENTE FERRER